lunes, 4 de mayo de 2026

Acuerdo entre Armenia y Turquía para la restauración del Puente de Ani

 


Armenia y Turquía formalizaron el 4 de mayo un memorando de entendimiento para restaurar de manera conjunta el antiguo Puente de Ani. El acuerdo se anunció tras un encuentro entre el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, y el vicepresidente turco, Cevdet Yilmaz, realizado en el marco de la 8ª Cumbre de la Comunidad Política Europea en Ereván. La firma del documento estuvo a cargo de los enviados especiales de ambos países, Serdar Kilic y Ruben Rubinyan.
El Puente de Ani, que ha funcionado históricamente como un punto de división, es presentado en este contexto como un elemento de posible acercamiento entre ambas naciones. Según lo informado por Yilmaz, “la reunión bilateral permitió revisar temas de la agenda común, incluyendo transporte, aduanas, energía y conectividad digital, con el objetivo de fomentar la integración en la región”.
Cabe destacar que la restauración del antiguo Puente de Ani no es solo un proyecto de infraestructura, sino la recuperación de un nodo vital de la Ruta de la Seda. Durante los siglos X y XI, cuando Ani era la próspera capital del reino armenio bagrátida, este puente sobre el río Akhurian funcionaba como una arteria comercial clave que conectaba Asia Central, el Cáucaso y Anatolia, permitiendo el intercambio de bienes e ideas entre Oriente y Occidente
A pesar del carácter diplomático del acuerdo, diversos sectores han expresado críticas y reservas centradas en la soberanía, la memoria histórica y la eficacia real del proyecto. Esta polarización refleja que, aunque el puente simboliza una posible reconciliación, el camino hacia la normalización total sigue enfrentando desafíos políticos profundos.

📸 Jan Kliewer

viernes, 24 de abril de 2026

Por Martina Pelozo



En esta nueva efeméride del genocidio armenio ponemos en práctica las palabras de Elie Wiesel (sobreviviente de Auschwitz y Premio Nobel de la paz): Olvidar no solo sería peligroso, sino ofensivo; olvidar a las víctimas sería como matarlas por segunda vez (“to forget would not only be dangerous but offensive; to forget the dead would be akin to killing them a second time”).

Luis Moreno Ocampo en su libro Guerra o Justica cita una frase que nos interpela: “La guerra se libra dos veces, primero en el campo de batalla y luego en la memoria” (Viet Thanh Nguyen). Esta idea da cuenta de la necesidad de proteger la identidad y la dignidad de las víctimas, así como de evitar que el olvido sirva como refugio para los perpetradores de atrocidades posteriores. La historia ha mostrado que no da lo mismo tomar uno u otro camino:

• El olvido llevó a que Hitler pudiera preguntarse “¿quién recuerda hoy el exterminio de los armenios?”, para dar paso al Holocausto cuyo resultado fueron 6 millones de víctimas.

• La memoria del genocidio armenio, o el “crimen sin nombre”, inspiró a que Raphäel Lemkin intentara proteger a toda la humanidad de “aquellos que no querían compartir la tierra con determinados grupos de personas”, como diría Hannah Arendt.

En efecto, el origen de la figura jurídica del genocidio, acuñada por Lemkin en 1944 (y plasmada en la Convención para la Prevención y Sanción del Crimen de Genocidio –1948) está estrechamente vinculado al genocidio armenio (1915-1923), según expresa el autor en sus memorias (el libro Totally Unofficial).

Aumentar la eficacia de la Convención constituiría “el mejor monumento vivo que podría erigirse a la memoria de todas las víctimas pasadas de genocidio. Por el contrario, no hacer nada significaría contraer la responsabilidad de contribuir a que se produjeran víctimas futuras” (Informe Whitaker).




📷 Armenian Genocide Museum-Institute, Yerevan. Collection of Near East Relief Society